martes, 17 de julio de 2012

Día cuatro

¡Ay, qué cabrones! ¡Así que me estaban esperando! Querían que yo estuviera en el paro, que comenzase a hacerme ilusiones con lo tranquilo que iba a estar, hasta que encontrase otra mierda de curro.
Resulta que pongo la tele, y ahí lo veo.
Con sus barbas, su media lengua, su discurso leído como un robot. No es su voz la que suena, sin embargo. Es la del Durao Barroso ése, la del tío siniestro del BCE, la de los majaderos hipócritas poderosos que se reúnen cada cierto tiempo en un lugar idílico (léase Sitges, léase Bilderberg o como coño se diga).
Así que era eso, y todo estaba previsto:
dejemos que se confíe el bueno de Jandro, que vaya tranquilamente por la vida, pensando que en este país, en esta Europa de los derechos y las libertades, los contratos se cumplen, las normas son normas siempre, beneficien al rico o al el pobre.
¡Hijosdeputa!, pienso.
Y luego comienzo a olvidar eso de que el subsidio, a partir del sexto mes, será menos de lo que era hasta ahora.
(Para que aprendan, dirán los liberales -ésos, sí, ésos que después se hinchan a subvenciones, a ayudas, para todo tipo de saraos y negocios de los suyos
redondos
que para eso siempre fueron los más listos
y llegaron primero).

viernes, 13 de julio de 2012

Día tres


Intento crearme nuevas rutinas, hacerme un poco más de mi nueva condición de desempleado. Me levanto tarde, doy paseos por el parque, y acudo al bar de la esquina para tomar un café y leer el periódico. Esto, que debiera ser así, amable y bucólico, se torna en tempestad cuando, en la portada de mi diario favorito (más bien, el menos odiado), encuentro la noticia sobre los recortes del gobierno que, ahora sí, afectan a los parados. Leo la información y es como si me dijeran: "bienvenido, pringao, contigo se acaba lo bueno", y ganas me dan hasta de llorar. ¿Puede haber ya algo peor? El cojo consigue alcanzar la meta y, nada más traspasarla, alguien va y le corta uno de sus brazos. "Esto no tiene solución", dice el camarero, mientras limpia un vaso con un trapo, tras la barra. "Matarlos a todos", le respondo, y él se limita a sonreír, como imagino que deben de estar llorando los poderosos, los que mandan, mientras los afectados se desgañitan en manifestaciones espontáneas frente a la sede de su partido.

jueves, 12 de julio de 2012

Día dos


Me levanto de la cama con una resaca enorme, y me dirijo a rastras al ordenador. Quiero escribir, contar, publicar, compartir lo que me pasa, pero apenas puedo moverme. He dormido poco, y eso que anoche castigué mi cuerpo con intensidad. La mente no ha dejado de trabajar, entre el resentimiento, las dudas, y el miedo.
Qué sensación ésa del miedo. Si no te destruye, te anula, te hace más fuerte.
La juerga se desarrolló prácticamente entera en un bar. Un amiguete me dijo: "es lo mejor que te podía pasar, Jandro, ese trabajo no era para ti". Se trata de un soniquete que me resulta familiar, que ya escuché en ocasiones anteriores. ¿Y si es verdad?
El problema es que es mentira.
El problema soy yo.
¿No os habéis dado cuenta?
Para demostrarlo, vomité las cien copas que había bebido dentro del bar, junto a la barra. Me agaché un poco y lo eché todo, de seguido. Nadie se dio cuenta.
Siguieron bailando, como si nada, y yo sentí alivio y después tristeza.
Pero una tristeza épica, acorde con el amanecer que me esperaba.

miércoles, 11 de julio de 2012

PRIMER DÍA DE LA NUEVA ERA


Hoy me quedé en el paro. Sorprendentemente no estoy triste, ni asombrado, ni tengo miedo. Tampoco estoy feliz, pero me encuentro poseído por una sensación de libertad que me agrada. Es, creo, como empezar de nuevo, o más bien seguir con el camino lleno de baches que inicié algún día, y que (estúpido de mí), creí haber abandonado en algún momento.
Inicio un diario para ir contando lo que me pase, aunque en realidad esta historia comenzará mañana. Esta noche me voy a tomar unas copas para celebrar que hoy comienza para mí una nueva era.