jueves, 12 de julio de 2012

Día dos


Me levanto de la cama con una resaca enorme, y me dirijo a rastras al ordenador. Quiero escribir, contar, publicar, compartir lo que me pasa, pero apenas puedo moverme. He dormido poco, y eso que anoche castigué mi cuerpo con intensidad. La mente no ha dejado de trabajar, entre el resentimiento, las dudas, y el miedo.
Qué sensación ésa del miedo. Si no te destruye, te anula, te hace más fuerte.
La juerga se desarrolló prácticamente entera en un bar. Un amiguete me dijo: "es lo mejor que te podía pasar, Jandro, ese trabajo no era para ti". Se trata de un soniquete que me resulta familiar, que ya escuché en ocasiones anteriores. ¿Y si es verdad?
El problema es que es mentira.
El problema soy yo.
¿No os habéis dado cuenta?
Para demostrarlo, vomité las cien copas que había bebido dentro del bar, junto a la barra. Me agaché un poco y lo eché todo, de seguido. Nadie se dio cuenta.
Siguieron bailando, como si nada, y yo sentí alivio y después tristeza.
Pero una tristeza épica, acorde con el amanecer que me esperaba.

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